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Cazadora de Historias

La escritora argentina Hebe Uhart ha publicado recientemente un libro de crónica de viajes, "De la Patagonia a México". En él le da un lugar privilegiado a las comunidades indígenas, compartimos la nota de Telam.


En ese camino, describe personas y lugares y ofrece sus páginas para darle voz a los entrevistados que con sus testimonios configuran el espacio, la historia y el presente del lugar que habitan, configurando un relato polifónico que se robustece con la transmisión de vivencias conmovedoras.

"Nací en Leleque, donde está el conflicto instalado ¿Por qué sufríamos la palabra indio cuando nos despreciaban y ahora para ellos, para la ley huinca, no existe la palabra indio? Conocí infinidad de patrones y ahí palpé la esclavitud. Trabajé dieciséis horas por un plato de sopa. Y también viví el desprecio total desde chico y de adulto. Íbamos a comprar algo con unas chirolas y nos decían: '¿Qué querés, indio de mierda?' ", dice Atilio Curiñarco, en la charla que la escritora transcribe en la obra, editada por Adriana Hidalgo.

En este libro Uhart narra su recorrido por Bariloche, El Bolsón, Azul, Los Toldos, General Villegas, Corrientes, Tucumán, Paraguay y México y anticipa que está trabajando en un cuarto libro que piensa llamar "Por aquí, por allá" y que ubica en Carmen de Patagones.

De Los Toldos rescata los mitos acerca del empleado del registro civil que cortó las hojas de la partida de nacimiento de Eva Duarte; de Villegas, la figura de Manuel Puig, contado por sus habitantes, y de Corrientes sorprende con la historia del psicólogo porteño que revela que en la primera sesión se debe abordar al paciente, que está hecho un ovillo en el diván, preguntándole si le han hecho un payé.

Sus descripciones se convierten en verdaderos cuadros costumbristas en los que aparecen turistas, vecinos, calles, negocios, paisajes, todos vistos con el ojo curioso del que mira por primera vez y ella también aparece mezclada entre los lugareños, manifestando sus impresiones sobre la gente y el lugar.

"En la plaza hay tres crotos, uno está recostado en un banco, aterido de frío y tapado con una frazada sucia. Dos están de pie, conversando animadamente. Uno es aguerrido, escrutador, de ojos oscuros, otro es de ojos claros, cara de componedor y parece atravesado por mil vendavales que no quiere volver a pasar", cuenta sobre algo que vio en Corrientes.

Espontánea y sin artilugios, Uhart atrapa desde el humor y propone una mirada de sentido común sobre las cosas, como por ejemplo cuando describe la hostería donde se hospedó en Bariloche.

"El bidet era color verde nilo, el inodoro blanco y la repisa del baño estaba en plano inclinado, como las pistas de esquí ¿Quién habrá concebido esa repisa? Ese hotel me empuja a la calle, además es oscuro como el alma de sus encargados, que parecen serenos mal dormidos", escribe.

Con los libros Viajera crónica, Visto y oído y De la Patagonia a México Uhart cuenta a Télam que realizó un paréntesis en su escritura de ficción, en la que "estaba un poco estéril" y confiesa que "está aprendiendo a integrar una parte del país que no estaba entrevista".

¿Por qué decidió realizar estos viajes?
En realidad lo que uno hace con los viajes es buscar cosas o formas de decir, de ser, de hacer, de pensar que uno no concibe o que no ha imaginado nunca. En el último viaje visité a Teresa Epuyén, una descendiente de mapuches, una señora encantadora, que me dijo: "qué compañero es el choique" por el ñandú y a mí no se me ocurre que el ñandú es compañero. Entonces a esas cosas las tenés que ir a buscar, a mí no me nacería pensar así.

¿Cómo prepara el trabajo de investigación antes de iniciar los viajes?
En general voy con bastante lectura previa, trabajo bastante la historia del lugar, ahora estoy haciendo un libro sobre Carmen de Patagones. En este caso, leí la correspondencia de Cafulcurá con Rosas, Mitre y Urquiza, porque los caciques eran como ejecutivos, se carteaban, tenían que saber qué pasaba con la política del país en ese momento para saber cómo moverse. Así la gente puede tener una idea más encarnada de lo que ha sido el país.

En una de esas cartas leo que Cafulcurá se cabrea y dice "estoy acá al pedo, me tienen la cabeza llena de cuentos", porque no puede tener acción. Se expresaban como lo hacemos ahora, y entonces el que lee, ve que los toldos no eran lugares donde los indios iban a dormir, era un lugar lleno de cuentos, de visitas, de gente, y a mí eso me parece interesantísimo.

¿Qué visión tienen las grandes ciudades respecto de las formas de vida de las provincias?
Buenos Aires ignora totalmente lo que ocurre con las comunidades indígenas porque tiene una idea abstracta de lo que puede ser un indio. Piensa que es una persona pobre, con plumas o ignorante. Pero en realidad no me interesan los indígenas que están en el monte, sino los que están aculturados, que tienen las dos campanas en su cabeza, los que por ejemplo nacieron en el monte del Chaco y después son directores de una escuela.

Esa persona tiene una experiencia distinta y te cuenta que no conoció los caramelos porque nació en el monte, pero como director de escuela maneja una cantidad de libros igual que vos.

¿Y también desde acá hay una idealización, no?
Si. Cuando fui a Los Toldos, en el camino hablé con un hombre que tenía rótulo de cacique y me pareció que era turbio, que trabajaba en algo extraño y como don Haroldo Coliqueo me había inspirado confianza le dije que había visto una persona que se decía cacique y que me parecía turbio y él me dijo: "y usted ¿qué cree?, aquí hay gente como en todos lados, gente que toma tierras para ellos, que se arrogan títulos, que haraganea, y también gente honesta".

¿Qué le gustó particularmente de los que entrevistó?
Me gustó la entrevista con Haroldo Coliqueo en Los Toldos, y la de Pachamama en Tucumán, una amaicha, una cosa insólita; a Marta Catriel, persona que logra cosas para su comunidad, casada con un italiano, con un hijo abogado. Esta mujer vive en Azul, en un lugar un poco pobre, que no es una villa, y le pregunté qué hacían el Día del niño, porque en Azul hacen una fiesta para esa fecha, y los chicos le dijeron: "mamá no vayas que nos discriminan", y ella me dijo: "yo me pongo la vincha". Cada uno está en un contexto distinto.

¿Qué lugares tiene previsto visitar próximamente?
Pienso ir a Ecuador, donde están los indios de Otavalo, a 80 kilómetros de Quito, que son grandes artesanos, comerciaron con Alemania y ahora tienen un pie en España con sus artesanías. No reclaman tierras, están en otro escalón. Se visten de indios y hablan en inglés. También voy a ir a Tucumán, a La Plata, a donde hay una comunidad qom, y con este recorrido tengo un nuevo libro, que saldrá el año próximo.

Publicado 05/10/2015
www.telam.com.ar/notas/201510/122172-mundos-que-se-revelan-en-las-cronicas-de-hebe-uhart.html